El primer trimestre puede marcar la diferencia entre un curso bien gestionado, con un estudio continuo, planificado y controlado; y un curso improvisado con lagunas en el proceso de estudio y frustraciones por no llegar a tiempo.

Lo ideal es que cada estudiante comience septiembre fortaleciendo sus bases de aprendizaje como la lectura comprensiva, la redacción y la resolución de problemas. Cada cual en el nivel que le corresponda pero siendo consciente de el avance que le toca en este curso. Así, podrá prepararse tanto mental, como emocionalmente activando todos los recursos que serán necesarios a la hora de aprender cada nuevo saber.

Por otro lado, y no menos importante, es muy necesario que cuente con estructuras organizativas de TÉCNICAS DE ESTUDIO que le permitan planificar el trimestre, llevar un control del temario por adelantado y realizar tanto las lecturas correspondientes como los mapas mentales y simulacros de exámenes de cada asignatura.

Cuando nuestro alumnado comienza el primer trimestre y en octubre ya han puesto en marcha los hábitos y las técnicas de estudio, se concentran mejor, muestran seguridad y confianza en sus capacidades, además de disfrutar de sus propio avance.

Cada vez que una alumna o alumno da el paso y comienza a estudiar con esta autonomía sentimos una verdadera satisfacción por ser testigos de su proceso y nos anima a seguir por este camino que llevamos 10 años recorriendo.

La máxima expresión del éxito de nuestros estudiantes solemos verla cuando vienen a vernos después de varios años para compartir su emoción al haber conseguido terminar Bachiller, hacer Selectividad y empezar su carrera.

«Empezar con buen pie» suele llevar a buen puerto.