Pasar día tras día, semana tras semana, trimestre tras trimestre, curso tras curso en un entorno en el que cada acción que debes realizar es indicada o corregida por otra persona; sin tener la oportunidad de prever, organizar, planificar tus actos tiene un punto de frustración o al menos dificulta la autonomía y motivación en el estudio. Es como si una artista tuviera que esperar a que le indicasen hacia donde mover el pincel, qué colores utilizar, etc.

Una alumna o alumno de primer ciclo de primaria se encuentra un mundo nuevo lleno de incertidumbre que, poco a poco irá descubriendo y conquistando. Sin embargo, lo que debe conquistar o dicho de otra manera, desarrollar, son las funciones ejecutivas que le ayudarán a conseguir sus objetivos y aprender con autonomía. Algunas de estas funciones son: conocer sus objetivos, planificar y organizar sus tareas, así como concentrarse en el proceso.

Si esto se trabaja y se mejora constantemente llega un momento en el que cada estudiante comienza a tomar decisiones, estas decisiones pueden ser acertadas o no, pero desde luego aprenderá de ellas y las irá corrigiendo en caso de que no funcionen. En ese momento, un alumno/a está construyendo las bases para autogestionar su aprendizaje, aprendiendo a aprender. Animarles a tomar decisiones sin miedo a equivocarse es devolverles el protagonismo en su aprendizaje y estar disponibles como mediadores para acompañarlos cada vez que los retos les resulten demasiado elevados para ellas o ellos.