Primer punto, cuando aquello que aprendes te sirve para expresarte y desde el inicio lo utilizas para satisfacer una necesidad (ya sea “escribir la carta a los reyes magos” “hacer la lista de la compra” “escribir un mensaje a alguien” “apuntar la tarea” etc). Es así como una destreza básica como la escritura se transforma en un instrumento valioso y por ello se desea perfeccionar.

Segundo punto, no se puede negar que cuando la escritura es apreciada, se practica formalmente con mayor precisión e informalmente con pasión. Esto sucede cuando se escriben porque sí, cartas, poesías, un diario personal, un blog, etc. Y, llegados a este punto un aprendiz, sin darse cuenta, comienza a gestionar sus emociones a través de la escritura; así que cuenta en su diario sus experiencias, en una carta dirigida a alguien que aprecia sus crisis o conflictos y en una historia inventada o una poesía sus sueños. Por ese camino, caminaron los que en algún momento inspiraron avances en  el mundo a través de sus ideas, como Julio Verne.

Tercer punto, por defecto, cuando la pasión por la escritura está arraigada, la asimilación de las normas ortográficas y gramaticales, lejos de ser un castigo son un regalo para embellecer o precisar el mensaje que se expresa a través de un escrito.

Este proceso debe tenerse en cuenta cuando se enseña a escribir